sábado 11 de julio de 2009

PELLIZCOS DE REALIDAD

El pequeño Bothman, a la temprana edad de 10 meses y 2 días.

El pasado día 2 de julio, esta fotografía cumplió la friolera de 31 años exactamente. ¿Qué decíamos del tiempo? Para tomarla, mi padre me arreó un pellizco bien fuerte en el brazo, sólo porque le hacía ilusión hacerme una foto llorando. Y vaya si lloré, desconsoladamente, porque no entendía por qué sin venir a cuento, tan feliz que yo estaba, le apetecía causarme tanto dolor a traición. Mi propio padre, alguien de mi sangre, desde dentro de mi propio núcleo afectivo.

31 años después vuelvo a tener la misma sensación. Es como un déjà vu programado con alevosía y nocturnidad, con el único propósito de recordarme que aún pueden causarme dolor desde lo más hondo de mis afectos. Y sí, también el desconsuelo ha vuelto a ser monumental. Duele, pero no me avergüenzo. Es que al contrario de lo que piensan la mayoría de ustedes, los hombres, los hombres de verdad, también lloran.

martes 7 de julio de 2009

HYPOXIA


Ya va a hacer un mes. El tiempo pasa tan lenta o rápidamente como le da la gana, sin consultar con nadie y sin vergüenza alguna. Hay tantas cosas que tengo dentro, que creo que las cajas del supermercado se me están quedando pequeñas para transportarlas, por lo que necesito pensarlas en voz alta, bueno, más bien "en letra alta" si lo hago por aquí. Quizás todo esto me pasa por no darme cuenta de que hay muy poca gente capaz de querer con intensidad porque se sufre, y la mayoría de la gente no quiere sufrir por nadie y se niega a querer sentir así. De todos modos, y a modo de nota, todo lo que pueda expresar o pensar en "letra alta", lo haré siempre desde el más sincero afecto, esperando que llegue dónde tenga que llegar y que, sin hacer daño, o al menos, sin querer hacerlo, sirva de algo.

Hoy me has sacado este recuerdo, tras leer tus noticias:
Hace un tiempo tuve un sueño. Un sueño de esos que se hacen recurrentes, que no varían nunca desde su presentación hasta el desenlace y que tal como vino un día, desapareció con el tiempo, cansado quizás de hacer de mensajero de un subconsciente que, tras ver como el consciente hace el mismo caso que hablarle a una pared, decide matarlo. Curiosamente (o no tan curiosamente) no me había acordado de él hasta hoy.


En aquel sueño ambos mirábamos hacia una piscina inmensa, de agua clara, cristalina, cuya extensión alcanzaba más allá del horizonte. Tras una mirada de esas que transmiten un profundo afecto, con aquella sonrisa serena, me expresabas tu intención de lanzarte al agua, a la voz de "a que no me alcanzas". "Yo no llevo bañador" expresé, siendo esa toda mi preocupación, la vergüenza de estar desnudo, pero aún así te lanzaste con el tuyo, dejando la ropa a un lado, alejándote brazada a brazada. No me lo pensé dos veces, me tiré desnudo al agua, gélida, dispuesto a seguirte, dispuesto a alcanzarte, y no fue hasta entonces que me di cuenta de que no conseguía nadar apenas unos metros. Te grité, pidiendo tu ayuda, pero te alejabas cada vez más, a tu ritmo, ignorando completamente mi desesperación... y yo me ahogaba, sabiendo sin embargo, que simplemente no me oías por culpa de la distancia, distraído sin mirar atrás.

Nunca llegué a saber qué pasaba contigo, si te dabas cuenta en algún momento y de darte cuenta qué hacías, si volvías, o si seguías, porque siempre me desperté a punto de ahogarme del todo, mientras me hundía en una piscina que no tenía fondo.

Esa siempre fue mi incertidumbre.

Es sólo un sueño, nada más. Pero es lo que tiene llorar hacia dentro, que te ahogas.

domingo 5 de julio de 2009

PAGAFANTAS

Y más bajo que se puede caer...

Por fin fui a ver "Pagafantas", de Cobeaga, película en la que hice un pase de figuración vestido de Bilbogarbi sin pena ni gloria (otra vez será). La verdad que no me esperaba que me gustase tanto, me pude reír todo lo que quise aún cuando me identificaba, por momentos, con mil detalles que sufría el protagonista. Porque todos hemos sido pagafantas en algún momento de nuestras vidas, pero llegar a los límites que se narran en esta historia significa descubrir que eres el mayor pagafantas de la historia.
Lo más curioso es como consigue hacer que el personaje que interpreta Sabrina (Claudia) llegue a ser lo más odioso de la película, a pesar de que, "ingenuamente", parece ser totalmente inconsciente de todo el daño que hace. Pero no, no nos engañemos, para mí, y sobre todo tras ver su reacción al final de la película al sincerarse frente a ella el protagonista, es una devoradora de buenas intenciones que se aprovecha de la ingenuidad del otro para complacer sus egoístas deseos y subir su ego por las nubes a sabiendas de que cualquier otra persona le mandaría a mamarla a Ampuero.

Puedo decir, 100% seguro, que a pesar de sentirme identificado con cada situación, no he sido un pagafantas, porque, a diferencia del protagonista, me he quedado con algo que por definición un auténtico pagafantas nunca consigue.

Eso sí, a partir de ahora beberé Kas.