martes, 7 de julio de 2009

HYPOXIA


Ya va a hacer un mes. El tiempo pasa tan lenta o rápidamente como le da la gana, sin consultar con nadie y sin vergüenza alguna. Hay tantas cosas que tengo dentro, que creo que las cajas del supermercado se me están quedando pequeñas para transportarlas, por lo que necesito pensarlas en voz alta, bueno, más bien "en letra alta" si lo hago por aquí. Quizás todo esto me pasa por no darme cuenta de que hay muy poca gente capaz de querer con intensidad porque se sufre, y la mayoría de la gente no quiere sufrir por nadie y se niega a querer sentir así. De todos modos, y a modo de nota, todo lo que pueda expresar o pensar en "letra alta", lo haré siempre desde el más sincero afecto, esperando que llegue dónde tenga que llegar y que, sin hacer daño, o al menos, sin querer hacerlo, sirva de algo.

Hoy me has sacado este recuerdo, tras leer tus noticias:
Hace un tiempo tuve un sueño. Un sueño de esos que se hacen recurrentes, que no varían nunca desde su presentación hasta el desenlace y que tal como vino un día, desapareció con el tiempo, cansado quizás de hacer de mensajero de un subconsciente que, tras ver como el consciente hace el mismo caso que hablarle a una pared, decide matarlo. Curiosamente (o no tan curiosamente) no me había acordado de él hasta hoy.


En aquel sueño ambos mirábamos hacia una piscina inmensa, de agua clara, cristalina, cuya extensión alcanzaba más allá del horizonte. Tras una mirada de esas que transmiten un profundo afecto, con aquella sonrisa serena, me expresabas tu intención de lanzarte al agua, a la voz de "a que no me alcanzas". "Yo no llevo bañador" expresé, siendo esa toda mi preocupación, la vergüenza de estar desnudo, pero aún así te lanzaste con el tuyo, dejando la ropa a un lado, alejándote brazada a brazada. No me lo pensé dos veces, me tiré desnudo al agua, gélida, dispuesto a seguirte, dispuesto a alcanzarte, y no fue hasta entonces que me di cuenta de que no conseguía nadar apenas unos metros. Te grité, pidiendo tu ayuda, pero te alejabas cada vez más, a tu ritmo, ignorando completamente mi desesperación... y yo me ahogaba, sabiendo sin embargo, que simplemente no me oías por culpa de la distancia, distraído sin mirar atrás.

Nunca llegué a saber qué pasaba contigo, si te dabas cuenta en algún momento y de darte cuenta qué hacías, si volvías, o si seguías, porque siempre me desperté a punto de ahogarme del todo, mientras me hundía en una piscina que no tenía fondo.

Esa siempre fue mi incertidumbre.

Es sólo un sueño, nada más. Pero es lo que tiene llorar hacia dentro, que te ahogas.

3 comentarios:

  1. ya sabes quien soy09/07/2009 23:55:00

    Tal vez, ocurriese al revés. Era él quién se quedó atrás porque se ahogaba por no querer mover los brazos mientras tú seguías hacia adelante. Sigue nadando hacia adelante y no te rindas nunca. Un abrazo muy fuerte.

    ResponderSuprimir
  2. Reimoro... la clave esta en nadar juntos... en esperarse cuando uno nada mas rapido que el otro... en aprender a nadar un poco mejor y mas rapido tambien... Que sentido tiene nadar mas rapido si el otro no te espera? Que sentido tiene gritar que te esperen si el otro ni siquiera se ha planteado que tiene que esperarte... No hay por que ahogarse... simplemente nada en otra direccion... quien sabe a quien te encuentras nadando cerca tuyo... con la cantidad de peces que hay en el mar... por que te empenias en pescar siempre sardinas? Tio, los arenques estan igual de buenos, conio! Y si no te gustan... prueba otras especies, jejjeej, que hay muchos tipos demontres! BESOTES

    ResponderSuprimir

Abra la boca y diga "treintaitrés"...